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Y de repente… la princesa. Diario de un cambio 53

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Hola!

El pasado viernes 19 de febrero decidí cambiar. Llevaba demasiado tiempo aburrida en mi valle de tristeza y soledad.

Hice de nuevo mi maleta y salí rumbo a  New York.

Me sentía como  una quinceañera emprendiendo una aventura llena de entusiasmo, pasión y curiosidad.

Nueva York es una ciudad especial para mi, donde he viajado varias veces e incluso he vivido durante tres meses.

Es una ciudad tan grande y con tantas posibilidades que no siempre me ha enamorado. Pero con cada nueva visita ha ido conquistando mi corazón con su grandiosidad, sus luces, sus posibilidades, y sobretodo su gente por su amabilidad, simplicidad, curiosidad y su facilidad para entrar en conexión…

Y esta vez Nueva York no me defraudó, una vez más cautivó mi corazón.

Una de las cosas que más me gustan cuando viajo es que puedo reinventarme, ser una nueva Luisa, sin los condicionamientos de la gente que me conoce.. allí puedo adaptar mi personaje a las nuevas circunstancias y dejarme sorprender por una nueva Luisa.

Y en esta ocasión surgió de nuevo la PRINCESA.

Y qué hacía yo en NY?  os podéis preguntar.

Hacía meses que quería viajar a NY y buscando información encontré que en febrero había un taller sobre creatividad que me pareció interesante.

Y  una semana antes de que empezara, Thomas me comentó que iba a NY las mismas fechas. ¡!

Era justo el impulso que necesitaba, y como dicen en Mallorca: “Dit i fet” : compré mis billetes y Me apunté al taller de Creatividad.

El taller me gustó, trabajamos con la visualización, dibujamos, escribimos, pintamos, recortamos, fotografiamos, imaginamos, compartimos, hablamos, reímos y nos emocionamos…

Eramos unas 15 personas, de diferentes orígenes y culturas y desde el primer momento me enamoré del grupo, bueno, no de todo, de mi pequeño grupo de amigos: Anne (holandesa), Zacky (indonesio) y Soren (danés) que junto conmigo formamos algo parecido a una familia dentro de la gran manzana de NY.

Para mi este encuentro y estas personas fueron especialmente importantes.

Gracias a ellos recuperé  la ilusión, la diversión, el sentimiento de sentirme integrada en un grupo, querida y cuidada. Desayunábamos juntos, comíamos juntos, cenábamos juntos, entre todos nos complementábamos y juntos formamos durante cuatro días un equipo perfecto.

Tanto es así, que yo no quería volver a Mallorca, no quería volver a mi vida cotidiana, a convertirme otra vez en Luisa Dentista. NO!

…y sin embargo había llegado mi hora y con mucha pena preparé mi maleta decidida a volver a Palma.

Pero no terminó aqui la historia: he aprendido que hay razones más poderosas en nuestro inconsciente que nuestra voluntad consciente… y así sucedió.

Era martes, y después de unos grandes días de sol y buenas temperaturas, el frío había vuelto a aparecer, cielo estaba gris y a media mañana había empezado a llover. Comí en el Starbuks de la cuarta planta de mi hotel desde donde se veía la calle, se oían sirenas y se veían las luces de los coches reflejadas en los cristales del edificio de enfrente. La intensidad aumentó durante unos largos minutos, la calle se cortó. Qué estaría pasando? No podía hacer nada, en la cuarta plante todo parecía continuar el ritmo normal de la vida, ningún sobresalto, y  yo seguía ensimismada en mi escritura. Hacía un resumen de los días pasados, de las emociones vividas, y reflexionaba sobre la vida.

Como ya os he comentado, mi coach, THomas también estaba pasando unos días en NY y quedamos para vernos.

Hemos hecho un largo proceso juntos, Thomas me ha acompañado al cielo y al infierno. Es alguien muy especial para mi, y allí en NY me di cuenta de que este largo proceso ya ha terminado.

Allí en NY me sentía una mujer independiente con un grupo nuevo de amigos, con una vida plena, y en cierta forma ya no  lo necesitaba. Ahora me sentía una mujer adulta con recursos para navegar en las aguas tumultuosas de la vida, y para surfear con diversión las olas cotidianas.

Me sentía como la adolescente que se convierte en adulta y ya no necesita más a sus padres.

Podía sentir el miedo a la separación, podía sentir el miedo a perder la conexión con él. Como crear una nueva conexión? Y que pasa si no encontramos una nueva forma de conectarnos más allá de nuestra relación cliente-coach?

En estos temas andaba yo cuando llegó el momento de marchar al aeropuerto.

Seguía lloviendo y la calle del hotel estaba cortada, ningún taxi cerca.  El conserje ante esta situación decidió acompañarme a la aventura de encontrar un taxi en un día lluvioso de la gran manzana.  Cruzamos calles y mientras andábamos me sentía cuidada por un desconocido que una y otra vez me sugería permanecer protegida mientras él con su silbato y grandes gestos se adentraba en las calles, y a veces entre los coches, a la búsqueda del taxi.

Finalmente encontramos uno, dí la propina correspondiente al conserje ( se la había ganado con creces!) y … rumbo aeropuerto. Fue un largo camino entre atascos y retenciones que duró más de una hora y cuando quedaban 500 metros para llegar, por mi mente pasó una imagen fugaz… el pasaporte. El pasaporte dentro de la caja fuerte del hotel.

OHHHHH! me había dejado el pasaporte en el hotel!

HORROR!

Que drama!  y una parte mía así lo vivió… pero otra parte se sentía aliviada. Yo no quería irme de NY eso sí que para mi era un drama. Y perdí el vuelo, pero también tuve la oportunidad de quedarme una noche más con mis amigos y de encontrar una forma de entrar nuevamente en conexión con THomas…

Y mi inconsciente fue más poderoso que mi mente juiciosa que no me hubiera permitido quedarme sin una razón de peso.  Y así el drama se convirtió en oportunidad.

Pero no fue tan fácil, casi no tenía dinero y después de comprar un nuevo billete hacia Mallorca, mis targetas de crédito quedaron fulminadas. No podía pagar una noche más de hotel.

Ya no quedaba otra opción, necesitaba que mis amigos cuidaran de mi. Ya no era la Amazona… era la princesa que solo deseaba ser cuidada y protegida. Y esta vez la vida y las circunstancias me ayudaron a permitirme algo que normalmente nunca me permito.

Esta vez me no me quedó más remedio que permitirme lo que tanto deseaba:

Volví a reunirme con mis amigos que me esperaban con los brazos abiertos y entre sus brazos me dormí.

 

Moraleja: cuantas veces hay situaciones en la vida, enfermedades, problemas… que a primera vista los vemos como desgracias, pero cuando encontramos su sentido, su para qué, pueden convertirse en grandes oportunidades para vivir y cumplir nuestros deseos más ocultos, aquellos que nuestro juicio no nos permite concedernos, como es en mi caso, que alguien, un hombre me cuide y me proteja.

 

Hasta pronto amigos!

 

 

 

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